En una gran ciudad de Brasil, había dos chicos sin hogar, Ricardo y Santiago. Ellos eran adolescentes, negros, flacos, con trece y catorce años.
Ellos vivían en una tienda, bajo un viaducto cerca del centro de la capital del estado. En aquel lugar había muchas tiendas y gente viviendo, cada uno con su historia.
Una mañana, Ricardo y Santiago estaban sentados en un sofá viejo y sucio, cerca de su tienda. Ellos también estaban un poco sucios, porque no tenían la oportunidad de bañarse todos los días. Ricardo dijo:
—¿Cómo es la vida de tus sueños?
Santiago dio una leve sonrisa. Él sentía vergüenza de su sonrisa, porque faltaban unos dientes, y sus dientes no eran blancos. Él dijo:
—Una vida lejos de aquí.
Ricardo también dio una leve sonrisa. Él tenía los dientes, pero eran muy amarillentos.
—Yo también. Pero yo quiero saber ¿qué imaginas ser la vida perfecta?
Santiago pensó un poco y dijo:
—Imagino una vida con una familia amable. Una habitación solamente para mí. Baño caliente, una buena comida, esas cosas. ¿Y tú?
—Pienso en las mismas cosas.
Santiago dijo con desánimo:
—Pero eso es solamente un sueño, creo que nunca vamos a lograr.
—¿Por qué no?
—La vida es muy difícil y no creo en cuentos de hadas.
—Cambiar la vida no es cuento de hadas, es una posibilidad real.
Santiago suspiró y dijo:
—Tal vez. Pero tenemos que vivir la realidad.
Santiago se levantó, tomó una pequeña bolsa y dijo:
—¡Al trabajo!
Ricardo se levantó y dijo:
—¡Vamos!
Ellos caminaron hacia un semáforo. Cuando la luz estaba roja, ellos hacían malabarismos. Cuando la luz estaba casi cerca de cambiar al verde, ellos pasaban por los coches pidiendo dinero. Unos conductores les daban, pero otros no.
Ellos estuvieron allá por unas horas. Entonces, ellos fueron hacia otro semáforo.
Este fragmento es parte del cuento "La vida de mis sueños". Lea esta y otras historias en mi libro Comportamientos.
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