Después de algún tiempo, la policía y mucha gente llegó allá. Los padres del hombre también llegaron. Ellos eran una pareja blanca, con aproximadamente sesenta años. La madre estaba llorando y gritando:
—¿Qué ha pasado con mi hijo amado? ¿Quién podría hacer una cosa así tan mala? Él era una buena persona.
El padre estaba hablando con los oficiales. Él dijo arrogantemente:
—¿Quién está a cargo de esta investigación?
Un joven policial dijo:
—La unidad de investigación aún no ha llegado. No sé quién está en el comando.
Él dijo con indignación:
—¡Eso es un absurdo! Mi familia paga el sueldo de todos ustedes. Merecemos más respeto.
—Señor, entiendo tu dolor, sin embargo, hay pocos investigadores.
Él contestó en tono nervioso:
—¡Eso es inaceptable! ¡Usted tiene que hacer alguna cosa!
Una voz masculina dijo:
—Ellos están haciendo lo que pueden. Cálmate.
El hombre giró y vio a un hombre negro, con cerca de sesenta años. Él dijo con desprecio:
—¿Es usted Daniel? ¿Qué está haciendo aquí? ¿Vino a decir que me ha avisado?
—No he venido para hacerlo. He venido para ver su reacción. Y ha reaccionado como lo imaginé.
Este fragmento es parte del cuento "Sin límites". Lea esta y otras historias en mi libro Comportamientos.
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