Si en el primer libro (Mateo) fuimos presentados al "Evangelio del Rey" con la majestuosidad y la clásica genialidad de Miguel de Cervantes, ahora necesito pedirles que preparen el aliento. El escenario ha cambiado drásticamente.
El Evangelio de Marcos es el relato de la urgencia. No hay tiempo para genealogías o una infancia serena. Es el Evangelio de la acción continua, de la supervivencia bruta, donde la palabra "inmediatamente" dicta el ritmo. Es la historia de un Dios que se hizo Siervo y que marcha, sudado y exhausto, curando enfermos, expulsando demonios violentos y enfrentando la muerte cara a cara.
Para reescribir este ritmo jadeante, sin perder una sola coma de la fidelidad teológica e histórica, necesitaba una pluma que cortara los excesos. Una prosa seca, intensa y fatalista. Por eso, convoqué la genialidad del maestro del cuento latinoamericano: Horacio Quiroga.
En Marcos: El Evangelio del Siervo, el lenguaje poético da paso al músculo de la narrativa. A través de la estética de Quiroga (recordando la crudeza magistral de Cuentos de amor de locura y de muerte), no solo leerás sobre los milagros; sentirás que tu garganta se seca con el polvo de Galilea. Sentirás el terror primitivo de los discípulos en la tormenta, la desesperación del padre del niño epiléptico, la tensión de un juicio clandestino y el dolor desnudo y crudo de la madera.
El viaje es duro y no tiene romanticismo. El Maestro va por delante, con los pies agrietados y la mirada decidida hacia el Calvario.
Olvida las narrativas suaves. Respira hondo y únete a nosotros en esta caminata implacable.

No comments:
Post a Comment