El viernes a la noche, Carlos pasó cerca de la habitación y vio que Susana estaba deslumbrante. Ella estaba con maquillaje, ropa elegante, zapatos de tacón alto. Él pensó:
‹‹¡Oh! ¡Qué mujer increíble yo tengo!››
Ella percibió que él estaba mirándola y quedó muy contenta, pues había mucho tiempo que Carlos no la miraba de esta manera. Ella dijo:
—Es todo eso que estás dejando en casa cuando decides salir con otras.
Él intentó justificarse:
—Pero no hago nada con nadie, es apenas diversión, bebidas, estas cosas.
—¡Carlos, no intentes engañarme! Sé lo que haces —dijo Susana en todo irónico.
—Solo tú sabes. No sé nada de eso. —Carlos intentó disimular.
—¡Vale! Sea como sea, ¡hoy soy yo la que me voy a divertir!
—¿Cómo es? —Carlos estaba sorprendido.
—Voy a salir con mis amigas.
—¿Y para dónde van?
—No lo sé. ¡Solo sé que hoy vamos a tener mucha diversión!
Carlos dijo en tono triste:
—¿Me voy a quedar aquí solo?
—Si vas a quedar solo, yo no lo sé, esto es contigo.
—Pero, ¡no puedes hacerlo conmigo! —dijo Carlos en el mismo tono.
—Carlos, tú lo haces conmigo todo el tiempo, ¿y ahora eres la víctima? ¡Para con eso!
—¡Pero las cosas en el matrimonio no pueden funcionar basadas en la venganza!
Susana dijo en voz alta y tono nervioso:
—¡Carlos, por favor! Sabemos que no existe un matrimonio verdadero aquí. Vamos a dejar que cada uno haga lo que quiere. Va a ser mejor así.
Este fragmento es parte del libro El camino hacia la paz. Lea y emociónese con la historia de Carlos
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