Thursday, July 30, 2026

El juego de la vida

Cierto día, Alberto llegó a su casa mucho más temprano de lo habitual. Él echó sus botas en cualquier rincón de la casa y se fue a su habitación sin hablar con su madre, Rosa. Ella fue a la habitación del muchacho y lo vio acostado en la cama con el rostro en la almohada.

—¿Qué pasó? ¿Por qué llegaste tan temprano?

—¡No quiero saber nada más del fútbol! —respondió aún con la faz en la almohada.

—¿Cómo no? —extrañó Rosa—. ¡Esa es tu pasión!

—Esa era mi pasión —dijo mientras giraba hacia la pared.

Rosa notó que él estaba llorando. Ella se sentó en la cama y comenzó a acariciarlo.

—Habla con tu mamá lo que ha pasado.

Él giró hacia ella y le contó lo que pasó aquel día. Rosa se quedó muy nerviosa y triste.

—Alberto, toma tus botas —dijo decidida—. ¡Regresaremos a aquel campo ahora!

—¡Mamá, no! —protestó Alberto—. ¡Eso no servirá para nada!

—Por supuesto que servirá. Aprende una cosa en su vida. Siempre habrá gente queriendo humillarte y rebajarte. Jamás puedes dejarlos vencer. Debes luchar por tus derechos y por la justicia. Así es la vida. Las cosas no son dadas, son conquistadas. Y ahora, ¡vamos!


Este fragmento es parte del cuento "El juego de la vida". Lea esta y otras historias en mi libro Nadie se da cuenta, pero sucede.

Vea el libro: https://books2read.com/u/bzxE8L

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